El palpitar de la ilusión.

Hola amigos!!..como sabeís siempre me gusta amenizar el Baúl con cuentos especiales, es la forma mas bonita de viajar, leer e imaginar. Espero que os guste!.

Cada vez que pasaba por la calle no podía dejar de mirar aquel escaparate. Pegaba su inocente carita todo lo que podía embadurnando el cristal con su saliva, cubriéndose con las manos para poder ver mejor lo que estaba tras él. Solo tenía 7 años, pero cada vez que iba al colegio era atraído como un enorme imán hacia aquella tienda de antigüedades.Solo podía mirar porque aquel barco de madera, reproducción de uno real del siglo XVII, le transportaba a la época de los bucaneros y piratas.

Cuando marchaba dejaba su inequívoca huella de que había estado allí, y el señor Rogelio siempre tenía que salir con un trapo viejo a limpiar el cristal del escaparate, no sin antes, esbozar una sonrisa mirando como se alejaba el muchacho .Una mañana como cualquier otra de invierno, con sus libros en la cartera de cuero , ya desgastada por el uso, pues perteneció a sus otros 3 hermanos y como era norma en la familia la herencia en ese tipo de cosas era lo habitual.

Caminaba deprisa, pues no solo hacía frío, nevaba con fuerza. Con los ojitos medio cerrados para protegerse de la intensa ventisca, se dirigía como cada día a su sitio favorito..el escaparate de la vieja tienda de antigüedades del señor Rogelio. Según cruzaba la calle su imaginación iba en pos de aquel barco de madera, aquella maqueta antigua de un barco bucanero y el como Capitán dirigiendo a sus hombres a la mas arriesgada aventura. La nieve le llegaba ya a los tobillos. Sus diminutas pisadas eran rápidamente cubiertas por una fina capa de nieve y hielo. Frotó sus ojos. No..no era el intenso frío, ni la nieve, ni la ilusión de verlo..la tienda estaba cerrada. Una enorme verja cubría aquel escaparate y una nota pegada con una cruz definía lo que no quería creer.

Sus ojos se llenaron de lagrimas. Según caían por su mejilla se convertían en pequeños diamantes que congelados hacían brillar su rostro.

Los años pasaron. Aquel jovencito de 7 años creció y como dicen los ancianos..¨se convirtió en un hombre de provecho ¨. Pero en su rostro, siempre había un oculto semblante triste, y nadie sabía el porqué.Ahora vivía en una céntrica calle de Madrid, al lado de una oficina de Correos. Todos le conocían muy bien, en especial Jacinto, el viejo cartero del barrio.

Por su posición empresarial, recibía muchas cartas, por lo que era habitual verles hablando en el rellano de la casa. Jacinto tenia el cabello blanco y unas arrugas en su rostro que le hacían ver experimentado y profundo. Llevaba trabajando tantos años en Correos que ni el mismo recordaba cuanto. Ahora las cosas se habían modernizado mucho, ya no era como antes, en los tiempos donde la bicicleta era su mas fiel aliada. Las nuevas tecnologías, las múltiples opciones que podían ofrecer a sus clientes para enviar o recibir cartas y paquetes eran tan variadas y seguras que hacían de su trabajo un remanso de seguridad y gratitud.

Ese día lo encontró sentado en la escalera, al lado de los buzones. Miraba el trozo de un periódico donde en él, había la imagen de un barco pirata. Su rostro se iluminó por un momento, y Jacinto creyó ver en él a aquel jovencito de 7 años. Dejó las cartas en los buzones y sonriendo sin decir palabra, Jacinto salió por la puerta, dejándolo allí sentado , ensimismado viendo aquel barco dibujado en el papel. Al girar la hoja vio un pequeño anuncio. Era de una tienda de antigüedades de una ciudad bastante lejana. En ella se ofertaba un barco idéntico al del escaparate que tanto soñó.

Su corazón empezó a palpitar tan fuerte que parecían cañonazos de aquella fragata de guerra.

Al leer las condiciones y precio..leyó lo mas importante, ..ENVÍO POR PAQUETERIA URGENTE.

Ahora empezó a temblar..si lo pedía hoy mismo mañana estaría en sus manos. No tendría que volver a recordar y añorar el pasado, solo tendría que disfrutar gracias a que ese paquete estaría en su poder al día siguiente.

Esa noche no pudo dormir. Se levantó mas de 15 veces. Los nervios eran mas poderosos que el cansancio, y estaba claro, que aunque no durmiera esa noche, la ilusión por recibir su paquete era aliciente suficiente como para sentirse despierto el resto de su vida.

Ya iba por el tercer café cuando el timbre de su casa sonó. Era Jacinto, el cartero que tantas cartas le había llevado. En su mano, un paquete.Las manos le temblaban y una lagrima se escapó corriendo por su mejilla. Firmó la recogida y abrazó a Jacinto. El cartero no sabía el porqué, pero se sintió bien..porque aunque la felicidad no tiene sonido, se podía escuchar la felicidad inmensa de aquel hombre culto y sencillo que le había hecho volver a nacer con la ilusión de un niño.

 

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