La luz

María acababa de empezar su turno de noche. El calor era sofocante y la ciudad estaba vacía, solo la luz de las farolas anunciaba que no era una ciudad fantasma. Antes de llegar se había dicho várias veces a si misma que aquel trabajo era lo mejor, convenciendose de que esa era la única salida. Trabajaba de enfermera en un Hospital. Aunque ella lo había elegido, tenía días que soñaba despierta con un puesto mejor, dejaba volar su mente a territorios inexplorados haciendo de ellos un mundo de aventura haciendo lo que mas la gustaba.

Sonaron las 12 de la noche. Por desgracia aún quedaba el resto de las horas..y el Hospital vacío. Una mosca empezó a revolotear a su lado mientras ella ojeaba unos informes encima de la mesa. El celador pasó a su lado. Aquel tipo nunca la infundió confianza, parecía amigable, pero algo tenía que la hacía desconfiar. Con sus ojos lo siguió hasta el final del pasillo, vigilante, como queriendo manejarlo con su mente y lanzarlo fuera del pasillo. Al final desapareció por una puerta, por fín..pensó.

Miró su reloj y descubrió lo que se temía, la aguja ni se movía de su sitio.De repente las luces del hospital empezaron a temblar bajando y subiendo de intensidad dando un aspecto inquietante al centro hospitalario. María cerró los ojos e intentó concentrarse en sus cosas, en sus mascotas y lo mucho que la hacían compañía..a lo lejos, mientras sacaba su mente a pasear por los recónditos escondrijos de sus deseos escuchó un fuerte trueno. Era normal que estallara una tormenta..pensó, con este calor infernal es lo más lógico.

De nuevo la luz falló. Esta vez solamente las luces de emergencia quedaron encendidas. El celador pasó corriendo por su lado, huyendo de algo, siempre había sido un poco cobardica, pero aquello era demasiado, huir porque se fué la luz, para María era algo inadmisible. Se levantó de su sitio y se dirigió al final del pasillo. Allí había una vieja sala que nunca se reformó, quizás por temas de presupuesto, pero lo que todo el mundo sabía es que estaba cerrada. Fué un antiguo almacén donde guardaban muestras, y hoy, un lugar polvoriento, con viejos tubos de ensayo vacios y la mitad de las bombillas fundidas. María no sabía que la hizo ir allí, pero era claro que era bastante poderoso pues no podía dejar de caminar entre la lúgubre luz de emergencia.

Su piel blanca y suave se tornó aún mas pálida cuando su mano se posó suavemente el pomo de la puerta. Dentro había luz. No podía ser. La luz era intensa y de un color azul intenso, creando circulos concéntricos. Aún no había abierto la puerta y a través del cristal translúcido de la misma podía observar tal imagen. Giró el pomo y la puerta se abrió. Allí estaba, en medio, encima de la mesa, un ser extraño y la miraba fijamente. Con su mano la invitó a acercarse. María por alguna razón extraña no tenía miedo. Los truenos retumbaban en el exterior, fundiendose el sonido de los mismos con el galopar de su corazón.

Ella se acercó y pudo observar que aquel personaje no era de este mundo..o al menos nada de lo que ella conocía. Sus ojos brillaban y en su interior podía verse como planetas girando e impactando entre sí. Los ojos de María se llenaron de lágrimas al ver tal expectáculo, sin saber que pasaba. El tipo se levantó y la abrazó. La luz se hizo mas y mas intensa, el azul inundó toda la sala. Ella miró al techo y en el pudo ver todos sus sueños, aquellos que la ayudaban a escapar. Respiró profundamente mientras se sentía amada por aquel ser. Volar..pensó..estoy flotando. Un enorme estruendo hizo que todo temblara. La luz fría de los fluorescentes volvió al lugar. Ella estaba en el suelo, con los puños cerrados y temblando. Allí no había nada..solo ella. En ese momento entró el celador. Intentó levantarla pero ella no quiso, con su cabeza buscaba aquella luz, y ahora no la rodeaba mas que polvo y muebles viejos.

Llegó la mañana y con ella su turno acabó. Salió del hospital cabizbaja, su mente era un cúmulo de confusiones, no sabía si había sido un sueño o una realidad, todo para ella era azul. Subió a su piso cansada y confusa. Metió la llave en la puerta y al girarla descubrió que dentro radiaba una luz potente y azul. Su corazón comenzó a latir de nuevo con fuerza. Entró y cerró la puerta tras de si dibujando una enorme sonrisa en su rostro.

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