Mirando al mar.

Observaba aquel corcho sobre el agua impasible, como si en el estuviera toda su vida. Llevaba ya varias horas pescando, y lo único que había en su cesta era una gran madeja de hilos de sedal, unos anzuelos y una lata con unas Gusarapas. El pequeño remanso de agua que le rodeaba era una pequeña cala del mar del norte, tranquila en aquella época del año, época calurosa de por si, tanto que ni los peces salían a respirar el aire caliente que mezclado con la sal inundaba el ambiente.

El corcho parecia congelado entre paredes de agua. Sus ojos estaban vidriosos y cansados, el sombrero de paja le salvaba del sol que golpeaba con fuerza sobre el. Un pequeño golpe sacudió su monótona espera..uno tras otro sobre su pequeña embarcación de madera que había heredad de su querido abuelo. Pero alrededor no había nada, solo rocas que impasibles miraban a aquel hombre como si fuera la última vez que fueran a verlo. La barca se volvió a zarandear una vez mas. Se quitó el sombrero y sin perder la calma miró de un lado al otro. Nada..no había nada que lo hiciera sospechar que era lo que hacía mover peligrosamente aquel viejo cascarón.

Se sentó y miró de nuevo al corcho, sorprendido observó que no estaba, solo el sedal roto junto a su caña. Nada podía haberlo roto sin que el se diera cuenta, nada que el conociera, al menos hasta ahora. De niño había escuchado leyendas del mar, pero para el eran eso, leyendas. Todo tenía explicación, desde las sirenas a los monstruos marinos, su imaginación estaba muerta. Cuando era pequeño solía jugar e imaginar cientos de cosas, luchar con espadas de madera y volar con dragones imaginarios..pero con los años, cambió,hoy sus arrugas y la expresión firme y seria de su rostro decía que la vida no había sido amable con el, y en consecuencia,la barca y su caña eran su via de escape en medio de aquel remanso de paz y agua.

Se asomó en un lateral y metió la cabeza en el mar. Intentó escudriñar con su mirada bajo el agua salada, buscando un indício de donde estaba el corcho que había desaparecido. Tuvo que salir varias veces a respirar y volver a meter la cabeza. Los golpes ya no hacían acto de presencia..todo era calma de nuevo, pero el quería saber, siempre quiso saber el porqué de las cosas, y esta era una gran incognita. Comenzó a anochecer pero el seguía en su barca. Un reflejo de fuerte color empezó a surgir por debajo de su barca. Era como si cientos de fuegos artificiales estallaran a su alrededor, pero bajo el agua. Su cara se iluminaba no solo por la luz, sino por la expresión de aquel rostro que ya no estaba acostumbrado a ninguna emoción.

Volvió a mirar bajo el agua, y allí estaba su corcho, flotando en medio de la nada, y a su lado, una esfera brillante. Tal era su intensidad que lo hizo arrojarse al mar sin importarle su vida. La barca al saltar volcó quedando boca abajo. El agua empezó a inundar sus pulmones mientras se dirigía al centro de aquella gran esfera atraído por aquello que siempre buscó, paz en su interior. En unos minutos, la bola de luz lo engulló.

Cuenta la leyenda que en aquella cala al lado del mar, en las noches de verano, se vé un triste resplandor en mitad del agua. Quien va en barca a ver lo que ocurre no vuelve, y al día siguiente aparece un corcho de pescar en la playa.

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