LA CAMPANA.

Aparqué mi viejo automovil al lado de aquella torre de la iglesia. Debían ser como las 10 de la noche de un día cualquiera del mes de noviembre. Había sido un mes raro, lluvias y frio era lo habitual, aunque con mucha mas intensidad que en otros años. Miré a mi alrededor y observé que no había nadie en aquel pueblo pero lo consideré normal..a esas horas y con ese frio quien iba a pasear,solo un loco como yo se aventuraría a descubrir sitios nuevos en medio de carreteras desconocidas.

Me senté en mi VW 181. Este antiguo clásico me había dado grandes satisfacciones a pesar de haberse quedado obsoleto con el tiempo. No eran los pocos que al verlo pasar con su porte militar se daban la vuelta y decían si el tiempo se había detenido por un momento. El caso es que a mi me daba igual lo que pensaran, y cada vez que deseaba conocer nuevos destinos me gustaba hacerlo junto con mi viejo amigo. Ahora allí sentado, frotaba mis manos mientras intentaba entrar en calor. Pensé que en ese momento un buen café caliente me habría sentado de maravilla, pero la única cafetería del pueblo estaba cerrada.

Un frio comenzó a estremecer mi espalda mientras la campana de la iglesia tañía en la noche. Ciertamente me sorprendió en mitad de aquel silencio. Miré mi reloj, un viejo reloj de cuerda heredado de mi abuelo. Solo eran las 10:30..pero aquella campana hacía repicar un sonido lúgubre y extraño. Me levanté y miré hacia lo alto de la torre. El sonido bajaba desde arriba y me golpeaba como una maza contra mis sentidos. De repente cesó. Cerré la puerta del Kübel 181 y caminé alejandome unos pasos para tener mejor visión del conjunto.

Miré al suelo y allí estaba un sombrero. Me agaché y lo recogí. Era obvio que alguien lo había perdido. Seguí paseando, esta vez en dirección de la torre, ajustandome el cuello de mi cazadora de piel pues el frio me entraba por el cuello como si fueran cuchillos afilados. Toqué la piedra y esta estaba húmeda y fria. En la base de la misma, una pañoleta de una mujer estaba también en el suelo. Demasiada coincidencia, pensé, las personas de este pueblo pierden sus cosas alrededor de la torre de la iglesia.

Un ruido de pisadas alertó mis sentidos. Giré mi cabeza y hacia mi se dirigía un anciano de porte amable. Vestía de pana marrón, con una gran bufanda alrededor de su cuello y una boina negra que le tapaba su ya mas que despoblada cabeza. Una vez lo tuve delante, quisé preguntarle si sabía de quién eran aquellas prendas, pues debía saberlo, en aquella población no debían ser mas de 50 personas. observó detenidamente y negó con la cabeza. ¡ Vayase aún que esta a tiempo buen hombre!..dijo con rapidez mascullando las palabras entre su boca falta de dientes.

La campana empezó a sonar de nuevo. Miré hacia arriba por instinto y me pareció escuchar un grito ahogado. De nuevo un escalofrio recorrió mi espalda y esta vez no fué el frio. Junto a mis pies una bufanda caida en el suelo y ningún rastro de aquel anciano que intentaba avisarme de un peligro desconocido. Había desaparecido en el mismo instante que sonaba la campana. No podía ser una casualidad, esa torre ocultaba un tétrico misterio, pero por alguna razón a mi aún no me había hecho nada, pero por cuanto tiempo.

Mi curiosidad era mayor que la prudencia y decidí subir las pétreas escaleras hacia lo alto del campanario. Según mas me acercaba, un olor a muerte golpeaba mi nariz. Abrí la pequeña puerta y allí estaban las campanas. Era habitual que en el pasado muchas de esas campana que hoy en día repicaban para avisar de la misa, anteriormente hubieran sido cañones en guerras crueles, y una vez finalizada esta, fundidos para ser convertidos en instrumentos de la iglesia.

No parecían diferentes a otras. Grandes y negras, sujetadas por grandes armazones de madera, permanecían inmóviles ante mi mirada. Me asomé desde lo alto y vi mi fiel VW 181 esperandome abajo. Nada era mas extraño, solo el sielncio y aquel olor tan fuerte. Empezé a buscar de donde provenía aquel fétido olor y me llevó a mirar debajo de la campana. Lo que vieron mis ojos una vez que se acostumbraron a la oscuridad era terrible, dantesco. Dentro de la campana, trozos de personas pegados, restos humanos y sangre. Mi corazón empezó a temblar. Comenzé a alejarme escaleras a bajo tropezandome en cada escalón de piedra.

La campana empezó a tañir de nuevo. Una fuerza extraña me impedía apenas avanzar. Estaba claro que era aquella campana un elemento maligno, capaz de absorber a su interior a personas inocentes, y destrozarlos mientras repica en su interior. Mi cuerpo intentaba llegar hasta la salida, era muy dificil caminar. Cada vez sonaba mas y mas fuerte. Consegui llegar hasta la puerta y salir corriendo hacia mi auto. Rapidamente metí la llave y la giré. El motor se puso en marcha y aceleré para alejarme de aquella monstruosidad. Según me distanciaba el sonido de la campana parecía gritar : ¨Vuelve..ven conmigo¨.

Estuve conduciendo horas hasta llegar a mi casa. Mi cabeza estaba confusa por lo acontecido. Una vez en la cocina me preparé un Té que me reconfortara, despues me fuí a dormir. Durante la noche, en mis sueños, las campanas no dejaban de sonar como avisandome de que me estarían esperando. Desde entonces, es sabido, que en las noches de invierno, en aquel pueblo, las personas que se atreven a caminar cerca de torre, desaparecen para nunca mas volver.

Y tu..escuchaste a ¨La campana¨?

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