Tras la selva.

El impacto fue terrible. Aturdida intentó descubrir que es lo que había pasado. Tenía todo el cuerpo dolorido por el accidente y una pequeña brecha en la cabeza. Tanteó como pudo a gatas hasta comprobar que era la única superviviente.

Solo hacía unas horas que Silvie había contratado un pequeño avión, un Junkers f-13 muy antiguo, pero aún válido para volar. El piloto era un señor mayor, con grandes barbas enmarañadas y los surcos de la experiencia en su arrugado rostro. Llevaba miles de horas de vuelo, llevando a pasajeros atravesando la selva. Nunca había tenido ningún problema, excepto una vez que tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia sin mayor consecuencia que un pasajero vomitando y manchando todo el austero interior del aeroplano.

Silvie vio algo fiable en aquel piloto que mascaba una especie de tabaco que le manchaba los pocos dientes que le quedaban, la gustaba, y se sentía muy cómoda con el. Su afán de aventura era tan grande como su sonrisa, cautivadora, nadie que estuviera delante de ella podía negar prácticamente nada, y no dudó en utilizarla con Jack ,que era como se llamaba. Una vez acordaron el precio, había agarrado su mochila y saltado dentro del Junkers, mientras Jack miraba sorprendido a aquella joven impulsiva y rebelde.

Ahora un gran tronco se había fundido con el fuselaje del avión. Una humareda blanca se difuminaba entre el espesor de la selva, y un viejo anciano piloto yacía muerto en su asiento, con la cabeza ensangrentada por el fuerte golpe recibido. Silvie al verle se quedó pensativa, y no pudo por menos que dejar escapar una lagrima por su mejilla. Estaba sola, solo los monos y diversos animales eran los que mediante sus sonidos hacían aún mas inquietante selva.

La noche apareció y ella se recostó dolorida en el destartalado trozo de butaca que aún quedaba. Cerró los ojos e intentó dormir. Por un momento se quedó traspuesta y aquello fue reconfortante , pero duró poco. Un enorme temblor sacudió el accidentado Junkers. Se levantó como pudo y saltó fuera. El temblor cesó. Su corazón latía sin parar por la emoción y el miedo a lo desconocido. Miró a su alrededor e intentó ajustar su vista a la oscuridad. Creyó ver a alguien entre las hojas. Respiró profundamente y se recostó sobre un tronco astillado.

De nuevo el suelo volvió a temblar. Esta vez fue mas fuerte que la anterior e hizo que se pusiera en pié. Todo la daba vueltas, demasiadas emociones y desgracias en muy poco tiempo. Miró de nuevo a su alrededor y descubrió otro avión estrellado al lado del suyo. Buscó en su mochila una linterna y la encendió. Se acercó lentamente y allí estaban, dos personas muertas, o mejor dicho  lo que quedaba de ellas, solo los esqueletos con los huesos bien pulidos. Debía haber pasado muchísimo tiempo desde que se estrellaran..en el mismo sitio.

Aquello era muy misterioso. Miró aquellos esqueletos con sus ropas. Por ellas dedujo que uno era el piloto, la otra una mujer, con las mismas ropas que ella. Por un momento tembló. No podía ser que estuviera muerta y aquello fuera un espejismo del destino..o quizás si?.o era una segunda oportunidad?..

Se volvió a sentar y de nuevo creyó ver a alguien. Esta vez era cierto. De entre los arbustos salió un hombre. Ella no se asustó al verlo, solo se sorprendió de que en mitad de aquella selva, algo que no fueran animales salvajes, estuviera allí con vida. Se acercó hasta Silvie y la miró fijamente a los ojos. Por un momento se sintió abrumada y nerviosa, pero pronto se acostumbró a su mirada. Sus manos buscaron las suyas, y pronto, sus labios comenzaron a besarse.

Aquel hombre era extraño, pero por alguna razón la estaba esperando. Sus manos se entrelazaron y pronto comenzaron a fundir sus cuerpos en uno solo. El la abrazaba con fuerza mientras sus manos acariciaban sus pechos y ella besaba su cuello lentamente. Por un momento la selva dejó de sonar, los animales parecían haberse callado , solamente se escuchaba el sonido de dos fuertes corazones latiendo al unísono. Ni Silvie se imaginaba que estaba ocurriendo, ni siquiera se acordaba de su dolorido cuerpo, solo la movía la pasión irrefrenable hacia aquel hombre desconocido y a la vez familiar pero que de alguna manera que no podía entender, se sentía profundamente atraída.

Pronto cayó dormida junto a el. Un lagarto la despertó en el amanecer. Estaba junto a un avión igual al que se había estrellado, pero este tenía todo perfecto. Su cabeza dolorida no podía encajar nada, pero se levantó y se dirigió a la puerta del avión. Miró dentro, allí estaba su mochila. Alguien tocó su hombro y ella se volvió, era el hombre con el que había pasado la noche mas extraña de su vida. tenía un traje de piloto y una sonrisa igual de cautivadora que la suya. Sivie titubeo y le preguntó su nombre, sin dejar de sonreír.

El sin inmutarse contestó..¨soy Jack..¨

 

 

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