La Cámara.

Llevaba allí demasiado tiempo.  Aún recordaba el momento del aquel flash que deslumbró sus ojos y que apenas pudo tapar con su brazo. En el intento de hacerlo su sombrero había volado por los aires y caído al suelo. Estaba en el año 1955, gran año, pero no para el.

Estaba saliendo de un juzgado de Chicago, acusado de unos cuantos delitos de los cuales decía no era culpable, entre ellos la estafa de una construcción de un edificio que por defectos de su diseño se había desplomado matando a mas de cien personas. El siempre negó que fuera culpable, solo era un vigilante, una cabeza de turco de un poderoso mafioso que vio en el la manera de quitarse de en medio un montón de muertes sin sentido. Quizás estaba en el lugar y la hora equivocada.

Ni siquiera le habían proporcionado un buen abogado, solo uno de oficio mal pagado y sobornado para que su fin fuera la cárcel  con la máxima condena, la cadena perpetua.  Ahora, después de una farsa de juicio, salía odiado por la multitud, con deseos de matarlo, mientras el mafioso fumaba un enorme puro desde el otro lado de la calle, sentado en su fastuoso Cadillac mientras portaba una mueca de satisfacción que hacía de su opulento rostro un guiño a la injusticia de la vida.

Intentó agacharse a por el sombrero, y entonces es cuando ocurrió. Al levantar si cabeza, descubrió que estaba en un lugar extraño, pequeño, y por el que podía ver algo de luz a través de un circulo de cristal, una ventana que se habría y cerraba a toda velocidad. Rápidamente pegó su cara al cristal y desde allí veía a las personas correr hacia todos los lados, buscándolo, sin saber donde encontrarlo. Nadie podía encontrar a aquel hombre inocente, acusado de todos los males, porque estaba dentro de la cámara.

Los nervios se apoderaron de el, intentó gritar, arañar la esfera pero nada funcionaba. Sentía que el aire le faltaba, el oxígeno era algo que allí dentro no existía. Sin mas fuerzas que las justas, desfalleció quedándose sin sentido.

La puerta de aquella tienda de antigüedades se abrió. Entró una mujer de muy buen ver, y empezó a mirar algunas de las antigüedades que allí habían. Pronto se fijó en una cámara de fotos , era de las antiguas, de esas que tienen un flash extraño. Posiblemente era de los años 50 y aquello la apasionaba. Aunque estaba en pleno siglo XXI siempre vio esas viejas reliquias una magia inexistente en los modernos aparatos.

Agarró su mano y acarició la antigualla con deseo. Sus pupilas se dilataron y el vendedor vio en eso una venta segura. Se acercó y en pocos minutos ella salía con una bolsa y la cámara dentro de ella. Cuando llegó a su casa saco la cámara de fotos y comenzó a examinarla. Estaba en bastante buen estado, todo funcionaba perfectamente. Estaba deseosa de hacer fotos con ella, no le sería difícil conseguir un carrete de 35mm, cerca de allí había una tienda que aún los vendían. Cuando tuvo el viejo rollo en su mano abrió la cámara y lo puso, girando la ruleta para dejarlo preparado para ser accionado. Un ¨Clik¨tras otro en las calles de Chicago. Su corazón latía con fuerza imaginando que era lo que saldría de allí, un extraño deseo cuando las modernas cámaras digitales hacían maravillas.

Fueron horas de paseos y algún café tras otro. Al final el carrete paró y marchó a su pequeña sala de revelado. Fueron horas de nervios en mitad de aquella luz roja. Las fotografías iban tomando forma. Su rostro se quedó petrificado. Allí solo había fotos de un hombre corriendo en un pasillo circular, algunas frente a una gran esfera de cristal, otras su cara deformada por el objetivo, como si en la foto hubiera pegado su cara contra el.

Ninguna foto de aquellas calles, ni las personas, ni  aquella farola que tanto la gustó , ni aquel parque en la principal..nada, solo fotografías de un hombre desesperado encerrado durante años.

Se sentó en su sillón y abrió una cerveza. Se quedó mirando sus fotos. Una enorme desazón la invadió por momentos mientras bebía con ansia su birra.  Sorbo tras sorbo terminó y se fue a dormir. Despertó sobresaltada, con tremendas pesadillas. Aquella cámara tenía el secreto de alguien dentro, alguien que perdió su vida por algo que nunca hizo, por estar en el momento equivocado, hechizado para siempre en una máquina fotográfica .

Se sentó al borde de la cama. Notó algo a su lado, una brisa, la ventana se había abierto y el viento golpeaba la cortina contra la pared. Miró al suelo y allí estaba, un sombrero de los años 50. Se agachó por el y se lo puso. Al hacerlo una sensación de relax la invadió. Por alguna razón se acercó de nuevo a ver las fotos colgadas en la sala de revelado. Algo había cambiado, el hombre ya no estaba, solo un pasillo vacío en medio de la nada.

 

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