Un Halloween para la eternidad.

Las campanas de la iglesia comenzaron a tañer sin motivo aparente. Cualquier otro día me habría dado igual , pero esa noche era la noche de difuntos. En mi pueblo era algo solemne, velar los muertos, rezar por ellos en silencio y desear que sus almas estuvieran en un mundo mejor. Pero yo era joven. Quizás demasiado para entender aquellos llantos y susurros al lado de una fría lápida de mármol.

Yo añoraba disfrazarme, quería darle un sentido a esa celebración diferente, verme en el espejo de otras culturas que se disfrazan de horrendos monstruos, brujas o zombis , salir a divertirme y jugar con el miedo de una noche diferente.

Aunque la fiesta tradicional americana de Halloween aún no estaba muy de moda en mi casa, yo ya tenía decidido que me iba a disfrazar, acudiría a la única fiesta del pueblo, en una vieja casa de adobe al lado del cementerio, donde decían que se hacían las autopsias en el siglo XVIII, también comentaban los mas viejos del lugar, que en las paredes de dicho lugar enterraban a los que se suicidaban ya que no podían hacerlo en el mismo lugar que el resto de las personas.

El principal dilema era de que me disfrazaría, dudaba entre dos opciones, pero una estaba mas clara. Quería ser diferente, que todos se fijaran en mi demoníaco disfraz, aterrorizar en cuanto me vieran llegar. Había comprado una mascara de látex, muy bien hecha, de un demonio en una tienda que ni yo sabía que existía . Encajaba perfectamente en mi cabeza, de hecho, parecía que era mi propio rostro. Mi corazón latía a toda velocidad por los nervios de que llegara la hora de marcharme a la fiesta. Mi familia se fué a casa de unos tíos para recordar al abuelo fallecido hace años. Yo estaba solo, mi mascara encima de la cama, junto con ropa negra y una capa que me había hecho de una sábana vieja.

Llegó el momento. Me puse las ropas, la capa, y enfunde con fuerza la mascara demoníaca en mi cabeza. Halloween me estaba esperando. Llegar hasta la casa daba miedo. Un sendero donde solo había oscuridad, donde se escuchaban aullidos macabros de fondo y risas de jóvenes con mas alcohol que sangre en sus venas. La mascara me daba calor, pese al intenso frío que hacía. Por un momento noté como si mis propias venas corrieran por la grotesca figura de mi cara.

Al llegar allí había un grupo de amigos. Cuando me vieron, todos guardaron silencio. Sus rostros pálidos como la nieve no podían articular palabra alguna. Yo intente acercarme a alguno de ellos, sonriendo..¨Soy yo ..!!..no me conocéis .¨..pero se quedaban petrificados, temblando de terror. La verdad es que si habían ensayado asustarme..lo estaban consiguiendo  Mi disfraz no era mas que una mascara y unas ropas viejas..pero por alguna razón, el terror había invadido sus almas al verme.

Una chica que estaba disfrazada de la muerte Mexicana levantó su brazo y señaló un espejo. Era obvio que deseaba que me mirara. Me acerqué despacio, cada paso era uno mas a la verdad. Al verme no pude dar crédito. La mascara del diablo se había fundido conmigo, ahora era mi verdadero rostro, cada pliegue, lunar, cabellos, dientes..todo era demoníaco..para siempre..Un Halloween para la eternidad.

 

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