Alas de Gavilán.

Llovía sin parar en aquel callejón oscuro. Su cuerpo estaba empapado y tiritando de frio. Aquella mujer era hermosa aún en la oscuridad de la noche, difuminada por las gotas de agua que salpicaban su blanco rostro y su piel de porcelana. Llevaba esperando allí varias horas de pié, esperando a alguien que por loSigue leyendo “Alas de Gavilán.”