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Atrapados en Luxor.

1942. La segunda guerra mundial estaba en su momento mas álgido. Las tropas alemanas estaban perdiendo parte del norte de África. El general Rommel, respetado y querido tanto por sus tropas como por sus enemigos, se batía en retirada hacia el Cairo para afianzar su situación y recibir refuerzos por mar. Las bombas caían cada vez mas cerca, y en la huida del general ingles Montgomery, uno de los carros de combate alemanes, un Panzer IV quedó atrapado entre el fuego del proyectil que lo alcanzó y una duna del desierto que no lo dejó avanzar.

En el impacto, tres de sus cuatro tripulantes murieron..pero el tercero, consiguió salir del tanque por la escotilla de debajo, no sin dificultad.

Arrastrándose por la caliente arena y entre los hierros calcinados de otros vehículos, Hans consiguió ocultarse herido en el lateral de un cañón anticarro abandonado. Pero las tropas inglesas estaban llegando, y el estaba solo, ya que el resto de sus compañeros habían dado retirada hacia El Cairo.

Aquí!!! Dijo un oficial ingles con fuerza..¡¡Enemigo!! rápidamente el joven soldado alemán fue atrapado a pesar de que esta herido.

En cuanto vieron que estaba malherido, decidieron trasladarlo junto con otros prisioneros a un hospital de campaña.

Allí lo metieron en una cama y lo dejaron atendido. El pensaba en la estúpida guerra y en su familia, familia que posiblemente ya no vería nunca mas. Estaba herido en una pierna, una esquirla del carro de combate se le había alojado en el tendón izquierdo. Triste y abatido, entre tanta destrucción y sangre, no deseaba nada mas que salir de allí, y que la guerra terminara.

De repente noto unas manos que le tomaban la temperatura en la frente. El pensaba con los ojos cerrados, pero cuando sintió esas manos abrió los ojos y allí estaba..

Parecía un ángel..su cabello, sus ojos llenos de vida ..y esa sonrisa alentadora le dio de nuevo la vida.

Animo soldado!! Le dijo en un alemán perfecto!! Pronto estarás recuperado, sonríe! ..el esbozó una ligera sonrisa, y pregunto: ¿ Como te llamas? ¿ porque hablas mi idioma?..ella, volvió a sonreír, se colocó el delantal blanco y le dijo, me llamo Martha, hablo tan bien tu idioma porque mi madre es alemana..bueno, tu descansa, esta inyección te ayudara a soportar el dolor y a dormir.

axis-prisoners

Así fue, al instante se quedó dormido.

Al día siguiente, unos soldados entraron y se lo llevaron. Ya estaba casi recuperado, y lo trasladaban a un campo de prisioneros cerca de Luxor.

Según lo llevaban, algo le hizo volver la mirada, y allí estaba, su enfermera..Martha. Vamos!! Le dijo un soldado mientras lo empujaba..adelante..no te pares! Y en el empujón Hans tropezó y cayó al suelo.

Martha corrió hacia el y trato de ayudarlo, pero el soldado ingles le dio una bofetada que la tumbó en el suelo.

Hans, se levantó como poseído por el Diablo y golpeó al ingles con tanta fuerza que lo lanzó unos metros. Al instante, otros soldados lo aplacaron golpeándolo con sus porras sin cesar.

Un oficial entro en la tienda de campaña al oír el revuelo.

¨¡¡Firmes!! ..Dijo al entrar allí, los soldados se cuadraron al instante, dejando al moribundo alemán en el suelo . Una vez le explicaron lo ocurrido, ordeno la prisión de los dos, el metido en un agujero de castigo, a pleno sol egipcio. Ella, recluida en una celda .

A medida que el sol golpeaba su piel, notaba como su vida se esfumaba. Los insectos le comían los ojos, y las cucarachas eran las únicas compañeras de agujero de castigo. El olor allí dentro era un mezcla se carne podrida y sudor.

Ella, en la celda buscaba como evadir el castigo,solo encontró un motivo, pensar en el.  Esa era su salida, su forma de escapar de esos escasos 12 metros cuadrados de grises paredes.

Hans también volaba a su lado. Imaginaba que el agua que necesitaba se la daban sus labios, y la vida su corazón.

Pasaron dos días encerrados, y quiso el destino que Rommel atacara esa guarnición con ataque aéreo. Los Stukas silbaban en su ataque en picado mientras las baterías antiaéreas zumbaban proyectiles sin mucha suerte.

Los ingleses abandonaron la plaza y huyeron a una posición mas segura. Pero en la huida se olvidaron de Hans y de Martha .Allí encerrados sin mas que sus débiles vidas, rodeados de fuego y sol abrasador, solo les quedaba esperar la tibia muerte y ser comida de los buitres.

Un avatar del destino hizo que por allí pasara un Tuareg, que abrió las celdas y los rescató de su cruel final.

Los llevó a la tienda del desierto y los curó.

Cuando despertaron, estaban uno junto al otro, cubiertos de vendas ,mirándose fijamente a los ojos, ella, con los labios hinchados por el sol y la falta de liquido, sonrió y el la besó con suavidad. Sus débiles cuerpos se abrazaron y las fuerzas que les faltaban notaron como las recuperaban.

Se habían conocido en la guerra, los dos en distintos bandos, pero solo el amor había podido unir lo que la guerra había querido destruir.

El Tuareg al verlos dijo: La vida es vivir cada momento..intenso, y único.. esa es la realidad, nuestra historia es la historia de hacer posible lo imposible. Debes creer en ti porque de ti parte la luz que puede alumbrar hasta el pozo mas oscuro, solo así podrás tomar el agua de la vida y nadar en ella para siempre.

LA MONTAÑA.

Desde el balcón podía ver aquella montaña, altiva y poderosa que en otra épocas había sido un volcán. Rodeada y abrazada por las nubes daba la sensación de ser mas alta de lo que es realidad era. La solía gustar salir a respirar el aire puro, hinchar sus pulmones con el viento fresco de la mañana, y desperezarse dando sorbos a un rico café recién hecho.

Se frotó los ojos y bostezó. Desde que había llegado a aquel pueblo perdido entre la selva y la gran ciudad solo pensaba en ordenar su desbaratada mente y relajarse pensando solo en ella misma. La vida no había sido justa, todo lo que la había pasado correspondía al destino mas torcido y enrevesado que se podría imaginar, desde su vida personal, su trabajo, sus amistades..todo. Cuando creía que había llegado a la cima, descubría que sus cimientos eran de arenas movedizas, hundiéndose y teniendo que volver a empezar. Había empezado tantas veces que ya perdió la cuenta.

Su eterna motivación era asaetada una y otra vez por las flechas envenenadas de personas sin escrúpulos que veían en ella la pieza que les faltaba para completar el rompecabezas de su crecimiento. No pensaba en otra cosa que no fueran los demás  ,nunca en ella misma, hasta que un día dijo basta, no lo soportó y lo dejó todo por una vieja casa cerca de la gran montaña donde poder encontrarse de nuevo a si misma, reconstruyendo su desgastado y torpe corazón que no podía diferenciar en la fantasía y la realidad.

Un día llamó a la puerta una anciana. Ella abrió la puerta sin temor y la dejó pasar. La anciana sonrió y la dijo ¨Tu vida es como la montaña que ves cada mañana al levantarte, parece imponente y poderosa, pero puedes subir por ella y conquistarla ¨..la dio la mano y con la otra señaló a lo lejos . Cuando divisó de nuevo aquel gran volcán su corazón empezó a latir como la lava en su interior, era como si algo inactivo se activara de nuevo. Giró la cabeza y la anciana había desaparecido.

Miró en una esquina y allí estaba su vieja mochila. La llenó con lo justo y saliendo con paso firme se fue hasta la montaña. Las calles empedradas comenzaban a desaparecer en la medida que ascendía, hasta ser solo rocas y pequeños arbustos lo que se encontraba en el empinado sendero. Paró un momento a respirar, tomar aliento. Por un momento, pensó que aquello ya lo había vivido, y quizás era así porque empezó a pensar en las palabras de la anciana, ¨tomar aliento¨era lo que uno hace para continuar en los retos de la vida.

Continuó subiendo. Por un momento notó como le faltaba el aire, pero eso no la impidió seguir avanzando. Se aferró a un roca saliente para darse impulso en una zona poco estable , pero esta cedió y cayó rodando varios metros abajo. Dolorida, se incorporó maldiciendo cuanto veía. Volvió a subir..esta vez con mas cuidado. Según avanzaba y miraba atrás, mas bonito la parecía todo. Desde allí arriba todo era mas pequeño, minimista y silencioso, nada que ver cuando estas abajo rodeado de ruido . Ya quedaba poco para llegar a la cima, muy poco, unos metros mas y llegó al gran cráter inactivo que un día fue un terrible volcán. Desde allí observó su gran diámetro y comprendió desde lo mas alto que eso es lo que debía ser..grande y poderosa, fuerte y con defensas naturales, un sitio donde todos desearan llegar para encontrar la paz y el consejo, sentirse admirada y respetada como la gran montaña. Al final , las palabras de aliento de la anciana eran la visión de la realidad, podía ser mejor, conseguir crecer y subir al igual que lo hizo con la montaña, porque encontrarse a si misma siempre estuvo frente a su balcón y en su interior.

Desde ese día siempre recuerda esto..no hay montaña lo suficientemente alta para que no sea escalada..al igual que tu vida todo puede cambiarse y mejorarse, solo tienes que quieres trepar sobre tus miedos, fracasos y decepciones.. solo así conseguirás la cima.

Sueños de libertad.

Marina se había levantado temprano aquella fría mañana de invierno. La había costado un poco despegarse de sus calientes mantas en las que estaba envuelta , como si fuera una pieza de cristal muy frágil que se puede romper y permanece dentro de su envoltorio protegida y segura. Empezó asomando su nariz , percibiendo el intenso frío de la habitación, para después dar un salto y correr directa a la ducha.

La calefacción no funcionaba. Llevaba mas de una semana sin ella, jugando entre capas y capas de ropa para sortear el frío  de hecho, pensaba y no se equivocaba, que fuera hacía mejor temperatura. Por lo menos la ducha si que iba, el agua bien caliente la reconforto un poco mientras calentaba su erizado cuerpo. Según caía el agua deseaba ser como ella, transparente, fluida y libre, pensaba lo mucho que la sociedad ataba y sobre todo, dañaba, ser agua y huir hacia el mar donde mezclarse con un mundo diferente.

Miró su reloj y respiró aliviada, aun era demasiado temprano, la daría tiempo de tomarse un rico capuchino en el café de la esquina, ese que atendía un señor con grandes bigotes blancos. Bajó las escaleras por no esperar al ascensor y cruzo la calle , hasta que entró en aquel bar con olor a madera y sándalo. Cuando el viejo la vio ya tenia preparada la taza bien cargada de espuma, como a Marina le gustaba. Una cómplice sonrisa fue suficiente para que  se lo acercara a la mesita.

Comenzó a saborear el rico elixir de la mañana, ese que despierta tus sentidos, se deleitó con los ojos cerrados, imaginando el cálido sol templando su bonito rostro. Al acabar abrió sus grandes ojos castaños y descubrió un anillo encima de la mesa. Miró a su alrededor y no vio a nadie, es mas, juraría que ese anillo no estaba allí cuando ella se sentó. Lo cogió con sus dedos y lo observo detenidamente, con la curiosidad de aquel que encuentra una reliquia. En lo referente a sus formas, no era mas diferente que otros, excepto por la piedra que llevaba incrustada. Era grande, de color verde..pero un verde especial, como si fuera ámbar lleno de vida. Acercó el anillo mas cerca de su mirada y vio detenidamente que algo se movía en su interior.

Anillo cortesia: http://www.envidria.es/

Por un  momento sintió miedo, pero pudo mas su curiosidad. Volvió a mirar a su alrededor y nada ni nadie la miraba. Era libre junto a su anillo, si estaba en esa mesa sería su destino. Empezó a acariciar la piedra, esta tenía un tacto suave y limpio, a la vez que extraño. Sus ojos reflejaban la intensidad de su colorido, mezclándose con el marrón como si de una pintura se tratase. Deseaba estar dentro de el, ser parte de aquella amalgama de luz y magia, trasladarse al pasado o caminar entre los bosques mas inimaginables posibles.

De repente notó como alguien la abrazaba con fuerza, tan fuerte que la hizo cerrar los ojos mientras notaba como palpitaba su corazón haciendo que su sonido temblara en sus oídos, al igual que su cuerpo subía de temperatura. Cuando abrió los ojos estaba desnuda, en medio de un cielo verde, en el que las nubes eran hojas que giraban en círculos  Tocó el suelo y era como suave arena mezclada de ámbar y semillas, aquello no era normal. Sentado a la orilla de un lago estaba un hombre, sereno y seguro, tirando pequeñas piedras doradas haciendo que ondas de color dibujaran en el agua.

Marina sentía paz. Aunque su desnudez podía parecer un impedimento, no lo era, porque se sentía libre, era ella misma. Se sentó en la orilla junto a el y lo imitó tirando pequeñas piedras al lago con una enorme sonrisa en su rostro.

El viejo del bar nunca mas la vio . Debió pensar que se fue si pagar, lo que nunca imaginó es que que en aquella mesa vacía no estaba solo una taza de café, sino el espíritu dentro de un anillo, el espíritu de la libertad.

No cierres los ojos.

Tenía los pies helados e hinchados de tanto caminar por la nieve. Sus desgastadas botas de poco le servían , ya no eran mas que un trozo de cuero seco y unas tachuelas reventadas. Frotaba sus manos con fuerza para intentar entrar en calor intentando atravesar sus manoplas de tanta fricción, pero el frío era intenso, y de nada servía por mucho que lo intentara.

A lo lejos se divisaba una enorme humareda según iba alejando , dejando un surco profundo en el suelo sobre el gélido hielo. Solo sus intensos ojos negros era lo único que se podía ver a través de una bufanda hecha con un trozo de abrigo quemado y su gorro de lana. Ver su mirada en contraste con el manto blanco de la nieve era como observar la profundidad de una vida en sus frías retinas.

Por un momento creyó ver a alguien que se acercaba hacia el, pero no, era el espejismo de un sueño, de creerse a salvo de todo mal, caliente frente a una cálida chimenea cargada de troncos de roble que lo calentaran mientras saboreaba una taza de café. Unas manos dulces y suaves de mujer que acariciasen su cuerpo tullido y dolorido, una cama que no fuera un trozo de metal unido a unos muelles mal puestos, con un colchón sin chinches ni piojos. Aún no había llegado el momento de ver con sus propios ojos lo que su mente dibujaba con ansia e ilusión.

Giró despacio su cabeza hacia la ciudad que abandonaba. Unas imágenes pasaron por su frente recordando sonrisas de victoria en aquel verano de 1943 cuando se dirigía a Stalingrado. Todo pasó demasiado deprisa..aunque las desgracias lentas. La guerra lo había atrapado en medio de la nada, de una obcecada obsesión por conquistar una ciudad a golpe de munición y muerte. Ahora, el, un simple soldado del difunto y vencido 6º ejercito Alemán , caminaba solo por un desértico páramo nevado donde los únicos arbustos eran trozos de metal y vehículos destruidos, las piedras eran hombres de ambos bandos congelados con la forma en la que murieron. Según los veía imaginaba su cara en cada uno de ellos ya que era posible que en breve cayera en la nieve muerto de frió . Quizás era lo mejor, caer en el lecho blanco y frío y dejar volar su alma desfallecida que resultar prisionero de los Soviets.

Foto: archivo.org

Se apoyó en el costado de un trozo de lo que fue un avión . Sus rodillas temblaron y cayó sentándose sobre el frío suelo. Sus labios estaban hinchados , desnutrido y sin fuerzas, miró al cielo mientras la nieve se mezclaba con sus lágrimas congeladas. ¨No cierres los ojos¨se repetía una y otra vez,¨ sigue con ellos abiertos, mira mas allá, vuela con tu mirada donde tus piernas no te pueden llevar¨..

Una sombra se acercó desde atrás. Era una mujer rusa, de penetrante mirada y vestida con el típico uniforme acolchado del ejercito ruso. Al verla intento esbozar una leve sonrisa, pero su cuarteada cara por el frió no se lo permitió, ya no sentía apenas dolor, solo deseaba morir y dejar aquella guerra para siempre. La mujer se abalanzó sobre el y lo envolvió en una gruesa manta empujándolo a un improvisado trineo que hacía las veces de camilla. Comenzó a tirar con fuerza en dirección a una de las muchas casas derruidas del suburbio de la ciudad. Jadeaba en cada tirón mientras el seguía con la mirada abierta, como queriendo lanzar una señal al destino , diciéndole, ven..te espero con la mirada frente a ti..mírame a los ojos si deseas llevarme.

Dentro de la casa había un pequeño fuego hecho con restos de ropas y maderas. Lo tumbó cerca de ella y lo abrazó. Por un momento sus pupilas se fundieron en una sola mientras se miraban y el notaba el calor del cuerpo de aquella chica que lo estaba dando todo por el. Sintió un fuerte dolor en sus piernas según entraba en calor, pero en la medida que se descongelaba, también lo hacían sus lágrimas. Notó su denso sabor salado en sus cuarteados labios. Ella apartó su bufanda y lo besó. En ese momento cerró los ojos y murió.

Nunca se rindió, con todo, la guerra es dura..aún mas la derrota..pero sobreponerse a ella es la mejor victoria..fue su último pensamiento antes de cerrar su mirada al mundo. La joven se quedó a su lado, pensativa, con la mano entrelazada con la suya viendo su cara y en ella una sonrisa.

 

 

Burbujas de vida.

Era mejor no haberse levantado de la cama. Sus ilusiones, pretensiones y futuro ya no existían  su cabeza daba vueltas a su vida, su evolución, pero no encontraba mas puertas que las que estaban cerradas. Solo una estaba abierta, la de aquel bar en la esquina de la 46 donde ya la conocían esas últimas semanas.

Sentada en la barra del bar observaba detalladamente las burbujas de su tercera cerveza mientras jugaba con los rizos de su travieso cabello. El vaso estaba prácticamente vacío pero aun quedaba lo suficiente para que ella lo moviera de un lado para otro haciendo que la poca espuma dejara el vaso lleno de pequeñas pompas blancas que lentamente se disipaban.

Por un momento se quedó pensativa, con la mirada perdida en una de aquellas tenues burbujas , por un instante entró en una de ellas y vio el mundo desde dentro, deformado y con un color ámbar especial, donde los rostros de las personas parecen sacados de un mal sueño. Despertó de este fugaz relámpago mental y se bebió de un trago la cerveza.

Dejó el vaso encima de la barra y se levantó despacio. levantó la mirada buscando la salida del bar, no la encontraba, todo era extraño, no se parecía en nada al lugar que ella había entrado . No había bebido lo suficiente como para estar tan borracha y no conocer donde se encontraba, pero la verdad es que aquel sitio no era el mismo. Miró de nuevo frotándose los ojos, buscando a gente que la pudiera dar alguna explicación, pero estaba sola, sin nadie que la pudiera orientar. Había entrado en aquel antro para desahogar un mal día, olvidar por un momento lo injusta que puede ser la vida. Aquellas cervezas fueron sus únicas compañeras de penas, mientras caían por su garganta enfriaban su angustiada vida, se reía de si misma, pensando que siempre hay un mañana mejor. Ahora, sin saber donde estaba, giraba sobre si misma buscando una salida, al final era como estar dentro de aquella burbuja que vio con detenimiento en su casi terminada última cerveza.

Suspiró profundamente y se sentó en el suelo de madera. Comenzó a llorar y sus lágrimas saladas mojaron sus doradas mejillas mientras con sus manos estrujaba su camisa por los nervios de encontrarse perdida.

Su mirada borrosa divisó sobre una de las mesitas una jarra de licor. Se incorporó y paso a paso se acercó hasta ella. Miró a través de su cristal y allí estaba, sentada en la barra del bar, apurando su última cerveza. Sus pupilas se dilataron al verse a si misma sin poder comprender el porque de aquel momento. Asomó su cara sobre la jarra y su rostro se veía reflejado deformado por las ondas del líquido al moverse. Con su mano tocó el licor y desapareció dentro de la misma.

La burbuja se disipó..era la última. Dejó de jugar con el vaso y se levantó de allí, todo había vuelto al principio. No se tomó aquella última cerveza, pensó que hacerlo era como nadar entre cocodrilos, no convertirse en uno de ellos. El camarero miró extrañado la escena mientras ya había preparado otro botellin de cerveza para servirla, ella se había levantado y antes de que se la sirviera, estaba saliendo por la puerta con una enorme sonrisa en el rostro. En su mente una frase se repetía una y otra vez..¨Lucha, conviértete en lo que desees ser sin esperar nada de nadie, porque solo tu tienes el poder de mover el mundo, y el mundo esta esperando a que lo muevas¨.

El mascarón de proa.

Apenas podía abrir los ojos. Quemados por la sal y sol en mitad del mar lo único que le separaba de la muerte era un pequeño trozo de madera vieja. Ya había perdido la noción de cuanto tiempo llevaba a la deriva  puede que mas de 4 o 5 días , demasiados para un cuerpo que ya no podía mantenerse a flote. Por un momento recordó el día que decidió embarcarse en su pequeña embarcación y alejarse de mundo que conocía. En principio iba a ser una aventura larga, recorriendo el mar y aquellos lugares que se cruzaran en su camino, sin un mapa, sin una ruta marcada. Pero el destino fue quien dibujo la linea de donde debía estar, y una tormenta fue el lápiz que lo trazó, hundiéndolo en alta mar en mitad de la nada.

Su piel estaba negra y reseca, curioso entre tanta agua, pero la mar no tiene piedad con quien se aventura a atravesarla  De pronto algo golpeó su pierna. Estaba tan débil que ni le preocupó lo mas mínimo que fuera un tiburón o cualquier depredador marino ya que la verdad es que deseaba morir, esa situación agonizante era peor que la misma muerte.

Al momento notó como su cuerpo era detenido por algo solido. Si..era tierra . Las olas le habían llevad a un pequeño islote donde solo había unas pocas palmeras, arena y soledad. Con mucha dificultad se incorporó arrastrándose sobre la arena. Un cangrejo pasó a su lado y este lo agarró y lo metió en su boca, estaba hambriento, el grujir de su caparazón y el fuerte sabor no le impidieron tragárselo de un par de bocados. Aquel fugaz manjar le supo a gloria bendita , una pequeña mariscada en mitad de la desesperación.

Frotó sus ojos y su vista reconoció el terreno. Era un islote muy pequeño, lo mejor era que las palmeras le darían cobijo, al igual que un pequeño manantial al lado de una de ellas con agua salubre, pero aún así, mas potable que la del mar. Se sentó bajo la palmera y respiró profundamente. Ahora estaba solo, pero solo de verdad, sin radio que le acompañara, ni amigos, ni familia, el buscó la soledad y fue esta la que le encontró a el.

Tomó un poco de agua. Sus labios descarnados y ulcerados apenas podían sentir, pero su garganta seca agradeció el fresco sabor del agua. Algo le llamaba la atención, un pequeño trozo de madera que estaba semienterrado en la otra orilla. Por las formas parecían los de un mascaron de proa antiguo con forma de mujer. Por un momento su imaginación voló fuera de su cuerpo viviendo aventuras de piratas y tesoros escondidos, pero el calor le devolvió a la realidad  Se acercó despacio y se sentó junto a el. Era efectivamente una reliquia que fue a parar allí, quizás de un galeón español naufragado. Evidentemente, ese mascaron tenía un valor incalculable..aunque allí no era mas que un trozo de madera.

Comenzó a desenterrarlo, cosa que no le fue difícil, pues la arena se desprendía con facilidad. Su forma era de una bella mujer, tan definida que parecía real. Por un momento creyó que esta le miraba, aunque seguro fue obra de su imaginación y la insolación del sol.

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Destrozado por el cansancio, se desplomó sobre la arena al lado del mascaron de proa. Un agardable olor le despertó. Junto a el, estaban unos pescados asandose lentamente. Se frotó los ojos para demostrarse que lo que veía no era un espejismo,y no , no lo era. Su enorme apetito no le hizo pensar mas y se avalanzó sobre ellos no dejando ni las raspas. Al lado había un coco partido por la mitad, esperando a ser bebido, cosa que hizo de inmediato.

Aquello era un sueño del que no quería despertar, un sueño terrible por estar solo en aquella isla, pero mágico por aquello que no podía explicar. Miró al mascarón y allí seguía, observándolo imponente. Se sentó junto a ella pues era una mujer de madera y la comenzó a acariciar. Por alguna razón se sentía seguro a su lado, ese trozo de madera era algo mas que una antigüedad sin sentido, era lo único que le hacía compañía.

De nuevo llegó la noche y volvió a dormirse. Un enorme trueno lo despertó ya que una tormenta tropical estaba a punto de desencadenarse. Aquello sería su fin, las olas gigantes lo devorarían para siempre. Se acerco hacia su fiél amiga inerte en aquella tempestuosa noche, al menos moriría abrazado a lo único con forma humana en aquella isla.

Aunque apenas podía ver por el viento y la lluvia, pudo distinguir que el mascaron ya no estaba, solo un pequeño trozo de madera donde estaba apoyada la mujer. Cayó de rodillas al lado del trozo de madera y comenzó a llorar. Seguramente un golpe de mar la arrancó de su lugar y ahora estaría flotando en mitad del mar. Un tacto suave noto detrás de su frío cuello, eran unos labios cálidos que lo besaban. Giró su cuello y vio a una mujer semidesnuda, cuyo rostro era idéntico al del mascaron de proa.

No podía dar crédito. Ahora comprendía el porque de aquellos pescados esperándolo en la mañana, pero a que se debía tal magia?. Una enorme ola golpeó de lleno sobre ellos y los hizo desaparecer. Aquella tormenta duro demasiado, y lo justo para destruir lo único vivo de aquel islote.

Pasaron varios años cuando una expedición submarina encontró un extraño mascarón de proa hundido al lado de una pequeña isla tropical, algo nunca visto, era un hombre y una mujer abrazados fundidos entre si.

El reflejo del amor

Un gran estanque lleno de agua verdosa estaba en medio de aquella vieja mansión abandonada. Los jardines que un tiempo fueron motivo de largos paseos y risas entre sus laberintos de setos bien cortados hoy no eran mas que marañas de zarzales y espinos entrelazados en un abrazo de complicidad, como diciendo, ya nunca nos podréis sacar de aquí.

Las estatuas del aquel lugar estaban renegridas por el tiempo y el abandono, y te miraban tristes y melancólicas recordando tiempos mejores donde ellas eran testigos silenciosos de cortejos de palacio, intrigas e infidelidades. Yo estaba allí  en medio de aquel mundo que un día fue lógico y hoy era un mísero reflejo de lo que fue. Estaba porque me relajaba el silencio, el sonido del viento entre los arbustos y la hierba descuidada, el olor humedad constante , y sobre todo, aquel estanque .

Me gustaba sentarme en la orilla y sacar mi viejo cuaderno de dibujo para hacer apuntes. Siempre dibujaba el mismo, imaginaba frente a mi a una mujer, al otro lado, sonriendo, mientras yo perfilaba con mi lápiz su bonito cuerpo. Pero obviamente era eso, solo imaginación. En aquella mansión palaciega no había mas que silencio, un viejo coche abandonado en la entrada y yo, un loco soñador que aún creía en los cuentos de hadas.

Por un momento las nubes se apartaron y el sol reflejó con fuerza en el estanque su luz, haciendo del mismo un verde esmeralda intenso, mágico y embriagador. Cegó mi vista por un instante y tuve que bajar la mirada. Un aroma dulce y a la vez adictivo inundó el ambiente. No era el clásico olor de aquel lugar, este era diferente, femenino, me gustaba.

Levante la mirada y allí estaba, frente a mí, en la orilla ,descalza sobre el borde del estanque. Era igual a mis sueños. Tuve que frotar mis ojos para descubrir que aquella hermosa visión era real. Mi lápiz cayo de mi mano incapaz de sostenerlo debido al cruce de emociones que mi mente estaba sufriendo. Comenzó a sonreír y dejó caer su vestido dejando ver su cuerpo desnudo mientras entraba en el estanque. Intenté gritar que no lo hiciera pero mi voz no pudo articular ningún sonido. Mi vista la siguió hasta que desapareció bajo el agua verde.

Corrí de un lado a otro del estanque buscando indicios de ella. Mi corazón palpitaba y se estremecía con solo pensar en perderla, pero solo las libélulas sobrevolaban la superficie  nada de aquella maravillosa chica. Me senté en la orilla tembloroso observando mi distorsionado reflejo cuando ella salio de pronto y me abrazó. Sus labios se fundieron con los míos y me arrastró al fondo del pequeño estanque.

Dicen que que quien se refleja en el aún puede ver el verdadero amor en su reflejo, y cerca, huele a una mezcla de aromas extraños capaces de hacer nacer la luz en el alma mas oscura.

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