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Adolf Hayden…un escritor.

Hola amigos!

Creo que de una manera u otra todos conocéis a Adolf Hayden. Todos los relatos y cuentos que tenemos en el Baúl de Guardián han sido escritos por el.

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Una manera de escribir que llena corazones y alimenta espíritus soñadores, en un mundo donde cada vez es mas necesaria la motivación personal y ayudarte a lanzar el vuelo. Hoy, pasaremos sus relatos al blog creado para que todos podáis disfrutarlos sin problemas de búsquedas, obviamente , El Baúl de Guardián seguirá ofreciendo investigación  historia, biografías y cosas curiosas..tal y como lo viene haciendo con éxito desde hace año y medio.

Aquí os dejo el link del blog de Adolf Hayden…espero que os guste!!..feliz día y gracias por EXISTIR!!

http://adolfhayden.wordpress.com/

 
Y os dejo uno de los vídeos mas bonitos animados…

Burbujas de vida.

Era mejor no haberse levantado de la cama. Sus ilusiones, pretensiones y futuro ya no existían  su cabeza daba vueltas a su vida, su evolución, pero no encontraba mas puertas que las que estaban cerradas. Solo una estaba abierta, la de aquel bar en la esquina de la 46 donde ya la conocían esas últimas semanas.

Sentada en la barra del bar observaba detalladamente las burbujas de su tercera cerveza mientras jugaba con los rizos de su travieso cabello. El vaso estaba prácticamente vacío pero aun quedaba lo suficiente para que ella lo moviera de un lado para otro haciendo que la poca espuma dejara el vaso lleno de pequeñas pompas blancas que lentamente se disipaban.

Por un momento se quedó pensativa, con la mirada perdida en una de aquellas tenues burbujas , por un instante entró en una de ellas y vio el mundo desde dentro, deformado y con un color ámbar especial, donde los rostros de las personas parecen sacados de un mal sueño. Despertó de este fugaz relámpago mental y se bebió de un trago la cerveza.

Dejó el vaso encima de la barra y se levantó despacio. levantó la mirada buscando la salida del bar, no la encontraba, todo era extraño, no se parecía en nada al lugar que ella había entrado . No había bebido lo suficiente como para estar tan borracha y no conocer donde se encontraba, pero la verdad es que aquel sitio no era el mismo. Miró de nuevo frotándose los ojos, buscando a gente que la pudiera dar alguna explicación, pero estaba sola, sin nadie que la pudiera orientar. Había entrado en aquel antro para desahogar un mal día, olvidar por un momento lo injusta que puede ser la vida. Aquellas cervezas fueron sus únicas compañeras de penas, mientras caían por su garganta enfriaban su angustiada vida, se reía de si misma, pensando que siempre hay un mañana mejor. Ahora, sin saber donde estaba, giraba sobre si misma buscando una salida, al final era como estar dentro de aquella burbuja que vio con detenimiento en su casi terminada última cerveza.

Suspiró profundamente y se sentó en el suelo de madera. Comenzó a llorar y sus lágrimas saladas mojaron sus doradas mejillas mientras con sus manos estrujaba su camisa por los nervios de encontrarse perdida.

Su mirada borrosa divisó sobre una de las mesitas una jarra de licor. Se incorporó y paso a paso se acercó hasta ella. Miró a través de su cristal y allí estaba, sentada en la barra del bar, apurando su última cerveza. Sus pupilas se dilataron al verse a si misma sin poder comprender el porque de aquel momento. Asomó su cara sobre la jarra y su rostro se veía reflejado deformado por las ondas del líquido al moverse. Con su mano tocó el licor y desapareció dentro de la misma.

La burbuja se disipó..era la última. Dejó de jugar con el vaso y se levantó de allí, todo había vuelto al principio. No se tomó aquella última cerveza, pensó que hacerlo era como nadar entre cocodrilos, no convertirse en uno de ellos. El camarero miró extrañado la escena mientras ya había preparado otro botellin de cerveza para servirla, ella se había levantado y antes de que se la sirviera, estaba saliendo por la puerta con una enorme sonrisa en el rostro. En su mente una frase se repetía una y otra vez..¨Lucha, conviértete en lo que desees ser sin esperar nada de nadie, porque solo tu tienes el poder de mover el mundo, y el mundo esta esperando a que lo muevas¨.

Las piedras parlantes.

Un torreón era lo único que quedaba de aquel castillo que en su día ocupo todo una gran extensión de terreno. Los lugareños lo habían ido desmontando piedra a piedra para construir sus casas. El viejo castillo ya no tenía ninguna utilidad pues en los momentos en los que se encontraba actualmente ya la guerra,  como se conocía en su época no tenía ningún sentido.

Los carros iban y venían despojando a la fortaleza de toda su gloria, desnudando su orgullo para convertirla ahora en casas o iglesias, muros y cuadras, bancos donde sentarse y pasar la tarde. Ya no se verían soldados en las almenas que avistaran al enemigo y dieran el grito de alarma, ni bajar el portón a la llegada de la tropa..ahora el resto de lo que quedaba sería hostal para el viento, donde mecer sus poemas de aire y servir de cobijo a alimañas y arbustos silvestres.

Lo único que quedaba en pie era la torre. Por alguna razón nadie había conseguido desmontar ni una sola piedra. Cada mañana llegaban con picos y palas e intentaban arrancarlas de su letargo, golpe tras golpe, sin conseguir nada mas que mellar las herramientas. La chispas por el roce de piedras y metal iluminaban la noche..para al final, escuchar silencio y cansancio.

Un joven observaba la escena cada día. Veía a sus vecinos como depredadores de la cultura, ya que no se llevaban les restos por necesidad  sino por afán de seguir construyendo mas y mas. Incluso el cura del pueblo ponía su grano de arena bendiciendo a aquel que le llevara piedras para su iglesia, y de igual modo, vendía el patrimonio a aquel que le pagara bien por ello. Todos veían en el párroco el perdón para sus pecados, porque el mismo era cómplice de sus desmanes.

La noche llegó y todos se fueron a sus casas, agotados y mascullando improperios por no haber podido desmontar el gran torreón. El joven se acercó hasta la gran torre del homenaje, altiva y robusta, y acarició sus melladas piedras. Sus ojos acostumbrados a la oscuridad, miraban con detenimiento cada hueco, forma y estructura de la piedras solemnemente talladas. Miró hacia arriba e imaginó ver soldados con sus lanzas, la verdad, añoraba viejas leyendas, le hubiera gustado que el castillo siguiera en pié. Ahora debía volver a su casa y seguir imaginando, ya que la imaginación es lo único que nadie puede arrebatarte y el deseaba hacer de ella realidades sin fin.

Llegó a su casa, cenó algo ligero y es acostó. En mitad de la noche escuchó gritos. Abrió el portón de su ventana y se asomó. Las calles del pueblo estaban llenas de gentes, agarrándose la cabeza y gritando de locura. Bajó corriendo e intentó hablar con ellos, nadie le podía responder, todos tenían los ojos negros, sin vida, arañándose sus rostros impresos de locura. Las personas se golpeaban unas contra otras..solo pudo escuchar varias veces entre sollozos y desgarros ¨Las piedras me hablan¨.

Se alejo a toda velocidad corriendo por las calles, hasta que tropezó con un banco de piedra, hecho con restos del castillo. Cayó dolorido y escuchó como las piedras hablaban, susurraban volver a ser lo que eran. Aturdido se levantó del suelo y se apoyó contra la pared de una casa , también construida con restos de fortaleza. Los susurros eran cada vez mas intensos. Empezó a comprender como las personas del lugar huían de sus casas aterrorizados por las voces que salían de las piedras.

Un tremendo temblor sacudió el pueblo. Los edificios se comenzaron a derrumbar mientras muchos perecían aplastados entre escombros, otros se arrastraban con su mirada perdida. Las piedras comenzaron a rodar hacia la gran colina, sendero arriba, donde la torre majestuosa las esperaba para formarlas de nuevo en le batalla.

Por alguna razón el miraba el espectáculo sin temor, incluso complacido de ver como todo acababa para ser creado de nuevo. El sacerdote salió de su iglesia asustado, invocando a Dios para exorcizar supuestos demonios, con la cruz en la mano y gritando versos de la Biblia. La torre principal de la iglesia se derrumbo también, construida con una de las torres de castillo que un día defendieron la villa de intrusos y hoy era refugio de palomas y campanas.

Al amanecer, todo el pueblo estaba postrado ante los pies del coloso. Las piedras ocuparon de nuevo su lugar, arrancadas por la fuerza a la esclavitud  de ser para lo que no fueron creadas, gritaron desde su calizo corazón el grito de batalla, hartas de soportar cotilleo y palabrerías de sus inquilinos, echaron de menos el choque de espadas y el tronar de la batalla.

Un anciano ermitaño que pasaba por allí dijo : ¨Como las piedras, son las personas, que arrancadas de su verdadera vocación, son destruidas desde dentro, para apagar su ilusión y hacer de ellas meros títeres del destino¨ el joven que lo escucho asintió a tan sabia frase, y juntos atravesaron la puerta del castillo.

 

Deseos de metal.

Con su martillo golpeaba una y otra vez el yunque mientras las chispas iluminaban su frenético rostro en la oscuridad de la herrería . Llevaba varias horas dando forma a una armadura especial, una con la que no debía temer a nadie. La gran mayoría de piezas estaban ya terminadas, los guanteletes, el peto, la cota de malla..pero la parte mas importante, el yelmo, aún no estaba listo.

Por alguna razón cada vez que estaba a punto de terminarlo, este se rompía en mil pedazos sin saber cual era la causa de su desgracia.Pronto llegó la noche, y con ella el aullido de los lobos que cada vez que la oscuridad se cernía sobre el pequeño pueblo hacían de su lúgubre sonido el canto que acompañaba a la oscuridad.

Cansado y deprimido colgó sus toscas herramientas en el lateral de la chimenea de fundición al igual que su delantal de fuerte cuero de vaca y se marchó a su casa . Según caminaba no podía dejar de darle vueltas al misterio del yelmo, el porque no podía concluir dicha armadura. El no era noble, al menos de cuna, si de corazón, fuerte y valiente. Tener una armadura igual a la de un caballero era un sueño para el, quizás la oportunidad de salir de aquella pequeña aldea donde todo era cada vez menos y cada día la gente moría sin mas que llevarse a la tumba que una lápida de piedra con su nombre mal labrado.

Amaneció y no fue el sol lo que le despertó sino su dolorido cuerpo de tanto golpear el metal. Salió temprano para terminar su trabajo, con miedo de no poder hacerlo, porque una maldición evitaba que lo hiciera. No sabía que hacer, como salvar esa situación. Estaba visto que a golpe de martillo no podía solucionar nada, pero el no sabía otra forma de crear un casco de metal, ya que de hecho, era la única forma de hacerlo.

De nuevo se cargó de valor y empezó a golpear el metal caliente dando de nuevo forma a su sueño de terminar lo que empezó. Las horas pasaban y su desesperación crecía con ellas. En el último golpe de martillo, el yelmo saltó le golpeó con fuerza en el rostro. Aturdido cayó al suelo sin sentido. Al despertar había pasado mucho tiempo. Se tocó su cabeza, dolorida por el fuerte impacto. Al tocarla notó que estaba fría, dura como el acero. Con cierta dificultad se puso en pié balanceándose como una barca zarandeada por las olas. Agarró su cabeza con ambas manos y palpó con ansiedad.  Su cabello era ahora una cresta de finos picos de acero, su rostro un pulido metal.

El yelmo que tanto había deseado crear ahora era parte de el. Se sentó en la silla al lado de la chimenea. Seguía tocándose sin parar, buscando un resorte que lo hiciera parecer normal, algún mecanismo que volviera a su rostro humano de nuevo. Desesperado, vio la pila de ascuas para fundir el metal y pensó en lo peor.

El miedo se apoderó de el. Intentó meter la cabeza en aquella pira de fuego, pero no pudo. Miró al otro lado y allí estaba su armadura, toda completa y decidió ponérsela ,completar el ciclo de su maldición y vivir para siempre en un deseo de hierro.

 

 

Perdido en mi.

Perdido..en medio de un magnetismo extraño, como si todo lo que está a mi alrededor girara y girara sin parar. Con mi brújula en la mano busco encontrar el norte y orientarme en mitad de aquel bosque. No hace ni 4 horas que estoy dentro de el y mi cabeza da vueltas intentando encontrar la salida.

La aguja gira sin parar. Es posible que me encuentre en uno de esos enclaves mágicos llenos de fuerzas extrañas que hacen que nada funcione. Imaginad un lugar rodeado de largos y fuertes abetos, con un suelo cubierto de un fino musgo donde reposan perfectas piedras ovaladas que duermen arropadas por un suave liquen. Los pájaros revolotean de una rama a otra dejando caer ligeras briznas de hojas en mi cabello.

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Y yo allí en medio, perdido. Había aparcado mi vieja moto en la orilla de un camino por el que circulaba, hasta que esta dejó de hacerlo, se paró sin mas y no quiso arrancar. Agarré mi mochila, me la puse al hombro y comencé a caminar mientras mascaba una rama seca. Ahora había llegado a un punto donde mis pies decían basta..cansados..llenos de ampollas por el calor, con una brújula que no funcionaba bien. Decididamente abandonar el camino fue una mala idea.

El sol comenzaba a desaparecer entre la copa de los arboles y yo, al igual que el, comencé a apagarme. El musgo del suelo estaba esperándome como aquel que le espera su cama en su habitación. Estaba frío y húmedo  pero lejos de desagradarme, era lo mas cercano a la comodidad que podía tener en mitad de un paraje tan salvaje y a la vez lleno de vida.

Cerré los ojos y por un momento escuche a alguien que me hablaba desde lo mas profundo de mi. Por primera vez era capaz de escuchar mi respiración, mis latidos, mis pensamientos mas íntimos que resonaban en mi cabeza como si de un discurso se trataran. Al expirar mi aliento, noté como una parte de mi se doblaba para crear otro ser que frente a mi se sentaba sonriendo. Era diferente, mas risueño, con un aspecto jovial y sin problemas.

No podía dar crédito a lo que veía. Yo frente a mi mismo, sin mas palabras que una mirada frente a otra . De repente abrió su mano y en ella estaba una brújula idéntica a mía y con un gesto, me la ofreció. Cuando estuvo en mi mano mi otro yo despareció. Aquella brújula funcionaba a la perfección. Tuve que perderme para encontrarme de nuevo en medio de aquel gran bosque descubrí que no estaba solo, siempre me había acompañado a mi mismo..pero nunca me había escuchado.

El reflejo del amor

Un gran estanque lleno de agua verdosa estaba en medio de aquella vieja mansión abandonada. Los jardines que un tiempo fueron motivo de largos paseos y risas entre sus laberintos de setos bien cortados hoy no eran mas que marañas de zarzales y espinos entrelazados en un abrazo de complicidad, como diciendo, ya nunca nos podréis sacar de aquí.

Las estatuas del aquel lugar estaban renegridas por el tiempo y el abandono, y te miraban tristes y melancólicas recordando tiempos mejores donde ellas eran testigos silenciosos de cortejos de palacio, intrigas e infidelidades. Yo estaba allí  en medio de aquel mundo que un día fue lógico y hoy era un mísero reflejo de lo que fue. Estaba porque me relajaba el silencio, el sonido del viento entre los arbustos y la hierba descuidada, el olor humedad constante , y sobre todo, aquel estanque .

Me gustaba sentarme en la orilla y sacar mi viejo cuaderno de dibujo para hacer apuntes. Siempre dibujaba el mismo, imaginaba frente a mi a una mujer, al otro lado, sonriendo, mientras yo perfilaba con mi lápiz su bonito cuerpo. Pero obviamente era eso, solo imaginación. En aquella mansión palaciega no había mas que silencio, un viejo coche abandonado en la entrada y yo, un loco soñador que aún creía en los cuentos de hadas.

Por un momento las nubes se apartaron y el sol reflejó con fuerza en el estanque su luz, haciendo del mismo un verde esmeralda intenso, mágico y embriagador. Cegó mi vista por un instante y tuve que bajar la mirada. Un aroma dulce y a la vez adictivo inundó el ambiente. No era el clásico olor de aquel lugar, este era diferente, femenino, me gustaba.

Levante la mirada y allí estaba, frente a mí, en la orilla ,descalza sobre el borde del estanque. Era igual a mis sueños. Tuve que frotar mis ojos para descubrir que aquella hermosa visión era real. Mi lápiz cayo de mi mano incapaz de sostenerlo debido al cruce de emociones que mi mente estaba sufriendo. Comenzó a sonreír y dejó caer su vestido dejando ver su cuerpo desnudo mientras entraba en el estanque. Intenté gritar que no lo hiciera pero mi voz no pudo articular ningún sonido. Mi vista la siguió hasta que desapareció bajo el agua verde.

Corrí de un lado a otro del estanque buscando indicios de ella. Mi corazón palpitaba y se estremecía con solo pensar en perderla, pero solo las libélulas sobrevolaban la superficie  nada de aquella maravillosa chica. Me senté en la orilla tembloroso observando mi distorsionado reflejo cuando ella salio de pronto y me abrazó. Sus labios se fundieron con los míos y me arrastró al fondo del pequeño estanque.

Dicen que que quien se refleja en el aún puede ver el verdadero amor en su reflejo, y cerca, huele a una mezcla de aromas extraños capaces de hacer nacer la luz en el alma mas oscura.

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Lágrimas de piedra.

Frente a aquel castillo una sombra permanente se cernía poderosa cada noche. Nadie en aquel pueblo podía descubrir el porque aun en los días mas soleados aquella pétrea arquitectura defensiva estaba sumida en la mas profunda oscuridad. Cada noche, las gentes de aquella villa se guarnecían en sus casas temerosas de lo desconocido, sin atreverse a cruzar el solemne puente de piedra bajo el cual surcaba un pequeño riachuelo. Un día, una joven de graciosos rizos y sonrisa picaruela decidió que ya era demasiado tiempo estar oculta a aquello que no sabía pero temía, a lo desconocido. Desobedeciendo las estrictas ordenes de su familia, se preparó y se dejó descolgar por la ventana de su habitación. Entre los árboles y la noche se dejó deslizar entre las sombras de la noche rumbo a aquel castillo..a lo desconocido. Los animales nocturnos acompañaban con sus sonidos los pasos de ella. Un buho asustó a la joven, pero solo fue eso..un susto. Siguió caminando, y en su afán por ir mas deprisa tropezó en una raíz que sobresalía de un viejo árbol y cayó al suelo. Un montón de hojas secas amortiguó su golpe. Aturdida, se intentó incorporar..no podía ver nada, la oscuridad era total, ni siquiera la luna podía levemente atenuar tal negrura de la noche. Sacudiéndose como pudo ramas y las hojas dio un brinco y con una mueca de valentía, cogio su mochila y comenzó de nuevo a caminar. Algo muy dentro de ella le decía..sigue..ve al castillo misterioso. Según caminaba, la entraron ganas de cantar, y comenzó a hacerlo..primero titubeando con pequeñas palabras..luego..su voz animaba a los seres mágicos del bosque a seguirla en su canción. De repente paró. Alguien la estaba siguiendo. Se escondió detrás de un árbol grande y frondoso. El sonido de sus hojas al viento susurraban..no temas..no tengas miedo..sigue tu camino..pero ella estaba paralizada, nunca había tenido miedo, ella era valiente y osada, pero ahora, su miedo era mas fuerte. Sus bonitos ojos verdes lucían en la noche como los de un felino, intentando escudriñar en la noche lo que no podía ver. Esperó un rato..pero no vio nada. El ruido de ramas cesó, y cuando se quiso dar cuenta, el castillo ya estaba a pocos metros de ella. Pero como? ..No podía ser..había estado detrás de aquel árbol sin moverse un rato..pero es como si hubiera caminado largas horas.

Levantó su cabeza y allí estaba la imponente torre..oscura..pero llena de algo que le infundaba paz..no temor. Se acercó y atravesó la puerta, que debido a los años estaba abierta y rota. Poco a poco, los pasillos se fueron haciendo mas y mas visibles. Una escaleras la invitaban a subir a la enorme torre. En lo alto..algo hacía que fuera mágico ese lugar..a la vez que oscuro. Según subía, acariciaba las paredes de aquella fortaleza, y si no fuera porque suena raro, se diría que se estremecían con sus manos, al roce de su piel. Solo quedaban unos escalones..unos pocos para ver que se hallaba en la torre..cual era su maldición. Justo allí ..en frente de ella..una estatua de piedra. Era un hombre, de complexión fuerte y atlética, con barba ,en su rostro había una mezcla de tristeza y nostalgia, en sus manos, un libro con las paginas en blanco, sin nada escrito. Ella lo miró y algo recorrió su pequeño cuerpo. No sabía que era, pero es como si aquella escultura hubiera estado esperándola toda una vida. Acarició la fria piedra y se sentó a sus pies, pensativa, reflexionando un porque que no encontraba. Quien era el? Porque ese hechizo de oscuridad y frío?..de repente, una gota húmeda y caliente cayó en su mano. Al acercarla a su boca comprobó que esta era salada..era una lagrima. Sobresaltada..se dio la vuelta y comprobó que era la estatua que lloraba..queeeeeeeee?? no puede ser?? En ese momento su corazón comenzó a latir con la fuerza de 100 caballos negros..solo el sonido de su gran corazón se escuchaba en la solitaria habitación. Como una atracción que no entendía se acercó a él y lo abrazó con fuerza. El latido de su corazón y un beso hizo que aquella piedra se rompiera en mil pedazos. A la explosión..ella cerró los ojos, pero al abrirlos..allí estaba, el sol iluminando el castillo, y a su lado, estaba el, sonriendo sin parar y señalando el libro..en su primera pagina un nombre escrito..el suyo.

 

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